Al este de la represión

Os mentiría si os dijera que esta mañana me desperté con la noticia de que Radio 3 ya no contaba con Javier Gallego y su programa Carne cruda. Como todos los que residáis en España o incluso fuera escuchamos a nuestro locutor habitual, presentador o vecino y último gran entendido en economía y bolsa que hoy no deberías acostarte sin llenar el depósito de gasoil, cortarte el pelo, cambiar esas gafas, hacer deporte,  empaparte de cultura, hacer la fiesta del siglo y si fueras listo encargar tu propio entierro.

A mí siempre me ha gustado llevar la contraria, es algo natural en mí y no pienso hacer ninguna de esas cosas, bueno vale, quizás lo del combustible si. La famosa crisis no nos manda, la dirigimos nosotros aunque no quieran que lo hagamos. Lo que realmente debería preocuparnos es lo que nos está afectando. Este verano se ha hecho más plausible aún y es que aunque en el colegio, en casa nos enseñaran que las cosas contrarias y opuestas son así porque no tienen nada que ver, no son capaces de convivir entre sí, no es así. Los pueblos estaban llenos, todas las casas respiraban vitalidad, levantaron sus persianas y desaparecieron las trampillas por dos meses, pero al mismo tiempo nunca se había oído tanto silencio. La gente estaba aletargada, expectante, cansada, desilusionada… Los más animados llevan años fuera, reniegan de este país que les vio crecer, reír y marchar.

Quizás mucha gente piense que esto sucede en los pueblos, donde por diversas razones es donde “no dejas para mañana lo que puedes hacer hoy”,  donde primero se nota que las cosas no van bien… pero no importa donde mires, en que tren subas. Yo adoro viajar en tren, avión, autobús, rodeada de gente los comparo con los garitos mas lúgubres, atestados de fotos de gente que ha pasado por ellos, recuerdos que parecen reliquias, te sientas y observas a la gente, cada uno de su padre y sus pintas, ni mejores ni peores, suyas… únicas. En ellos encuentras a gente que nunca olvidas, miradas que llevaras siempre contigo, gestos con los que adivinas porqué están allí o a donde van… el pasado fin de semana estuve en Madrid, la gente estaba en las calles, en el metro y curiosamente nadie leía, nadie hablaba.

madrid_bumbolletaYo me marché porque odio los cumpleaños, año tras año y nunca sabía por qué. Descubrí que no nos importa crecer, pero siempre llega el momento en que miras atrás y ves todo lo que has hecho y mucho mas importante, lo que no. Cuando esta mañana escuché que desaparecía el programa de Javier Gallego me sentí orgullosa de recordar cada momento que he abrazado, todo lo que he respirado y bebido, lo que he reído y sobre todo la gente que me ha rodeado. Creo firmemente que la vida sin arrepentimiento no merece la pena, es genial dejarte llevar, creo que las consecuencias valen la pena, siempre. Espero que este país no lo olvide.

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